jump to navigation

el arquetipo de la sexualidad como sacerdocio octubre 30, 2008

Posted by hortelanasdelalma in reflexiones.
trackback

No habrá paz en el mundo 
mientras haya guerra en el amor.”
Dieter Duhn
(fundador de Tamera Healing Biotope)

El  arquetipo de  la sexualidad  como sacerdocio, que tiempos atrás se ejerció como oficio consagrado a la Diosa, es uno de esos arquetipos del aspecto femenino  reprimidos  por la cultura patriarcal. 

El mismo tiene  que ver con la esencial relación entre la sexualidad y la espiritualidad.  Una alianza que ha quedado francamente disociada en el inconsciente colectivo de dichas culturas. 

Las sacerdotisas que servían a las Diosas del amor (Afrodita en Grecia, Inanna en Sumeria, Ishtar en Babilonia, Anahita en Persia y otras más)  en los templos a ellas dedicados,  invocaban lo sagrado a través  del poder femenino que ejerce la espiritualidad erótica. Se consagraban a la Diosa como  intermediarias  entre lo humano y lo divino   propiciando a través del acto del amor como ritual sagrado,   la conexión  de los hombres con  su  anima (el arquetipo de la vida como lo señala Jung).  Este arquetipo   viene a ser  el  aspecto femenino y el camino hacia la conciencia espiritual  dentro de cada hombre. 
   .
Estas devotas se rodeaban de  belleza, de erótica sensualidad, de velos,  de piedras que a la vez las protegían y adornaban, de aromas y almizcles para avivar el primitivo  sentido del olfato. Tocaban instrumentos y  danzaban a sus visitantes  haciendo alarde de la sensualidad y gracia de sus  cuerpos. 

Como  iniciadas y guardianas de los sagrados misterios de la sexualidad,  ejercían  el desapego con sus visitantes  como manera de mantener su alma intacta y así  solo estar entregadas al servicio de la Diosa.  Por este estado de alma intacta  las consideraban vírgenes, perdiendo esta  condición  cuando eran “tocadas” por el fuego del amor a un solo hombre. Esta iniciación  les hacía perder su virginidad pues según estas tradiciones  su alma perdía su condición de intacta ya que entraba en las complejidades de la relación humana de la pareja. 

En nuestro mundo contemporáneo los templos de las Diosas del amor han sido sustituidos por los de la pornografía y la prostitución,  con ello se ha suprimido la conciencia de lo sagrado de nuestro cuerpo  y de nuestra sexualidad.     
 
La gravedad de esto radica en que tanto el hombre como la mujer inician su camino hacia la individuación (el máximo desarrollo de la conciencia humana),   en su conexión con lo femenino.  En el hombre el vínculo  con su anima es el puente  hacia el  Si Mismo (la esfera espiritual de la personalidad), en la mujer éste camino viene dado en la   relación que tenga con su propia feminidad y por consiguiente con su sexualidad.

Así, la mujer  consciente que  lo femenino es  lo divino en ella hace  del acto de  amor un ritual de conexión con lo espiritual,  es conciente también de tratar su cuerpo como el templo donde está contenido todo este misterio. 

Luego entonces se ofrece a sí misma  el tiempo para el descanso y el juego, para la ternura y el amor, para los mimos y delicias que el cuerpo requiere incluyendo una alimentación consciente. Así mismo  el baño, la cosmética, el perfume y la vestimenta  van más allá del propósito del ego de llamar la atención, sino por un respeto a su naturaleza, reconociendo que su  fecundidad   no solo está al servicio de la procreación sino del arquetipo de la vida misma.  

Aún muchas de nuestras mujeres contemporáneas  oscilan entre una sexualidad  reprimida (la casta)  o el canto a  la “liberación” expresada en seca promiscuidad,  como si la mejor manera de afrontar los misterios del sexo fuese ceder literalmente al aspecto compulsivo del mismo.

Es vital rescatar de la memoria  en cada una de nosotras el arquetipo de las sacerdotisas del amor sensual para conseguir hacer recordar a nuestros cuerpos que el acto del amor es uno de los  rituales sagrados que desde  tiempos inmemoriales ha formado parte de los misterios  femeninos.

Es urgente sanar en cada una las heridas de la sexualidad patriarcal.  Rescatar de la memoria el alma  escondida detrás del erotismo femenino es una delicada e importante labor,  pues es allí donde habita y se expresa con mayor fuerza la sagrada diferencia entre ambos sexos.

Es esta diferencia la que hay que comenzar a honrar  así como en otros momentos nos tocó luchar con vehemencia por  nuestra justa igualdad en los derechos legales, sociales y económicos.

Cuanto más sintamos consciente o inconscientemente que el hombre representa un peligro y que la defensa está en igualarse,  menos preparadas estamos para darnos cuenta que el enemigo está en  nuestro interior.

Que sirva de inspiración el poema de  D.H.Lawrence; 

“Cuán diferente es de mí, de qué manera tan extraña es diferente a mí!…..Qué sensible que es!, y qué manera tan suave de sentirse viva, ¡con una vida tan diferente a la mía! ¡Qué bella es! ¡Qué valor tan extraño y suave a la vez posee!…
¡Qué terrible sería defraudarla y qué terrible, también, sería violarla!

Hortensia Carrer
Analista junguiana

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: